Bienvenida Higía. (Cap. 10)

Por fin habíapuerta llegado el sábado.

Lo esperaba con ansiedad desde que padre me anunció que nos habían invitado a visitar una plantación ecológica:

-¿Sabes qué? –Dijo el miércoles mientras reposábamos la cena en el sofá, poco antes de enviarme a dormir. –Pedro nos va a llevar al huerto de su padre, también se llama Pedro, pero bueno, la cuestión es que es ecológico y por ello nos quiere explicar el procedimiento de algunas de sus plantaciones.

El camino fue un poco largo para mi gusto, quizás debido a mi intensa sed de curiosidad, o , a que realmente nos llevó cerca de una hora y media poder llegar.

La casa era tan diferente, que quede pegada al cristal de la ventanilla trasera del coche, jamás había visto una casa igual tan cerca, ni si quiera ahora a esta edad e vuelto a pisar algo parecido.

No es que tuviese jardines verdes, ni fuentes como en las telenovelas, ni una casa con plantas o guardillas.
Era hermosa por su natural sencillez, una casa de madera con su porchecito lleno de maceteros y flores, y un campo abierto en toda su extensión. Por todos lados se escuchaba silencio, se olía a aire limpio, a madera, plantas, era… mágico.

Pedro hijo, aparcó y nos indicó que aparcásemos donde nos sintiésemos cómodos de hacerlo, ya que era tres veces una plaza de toros.

Nos recibieron una pareja tan bonita como anciana.
Ella se llamaba Carol y tenia el pelo grisáceo en un moño alto y redondeado.

Era bajita, incluso, más bajita que mamá y tenia el cuerpecito regordete pero muy bonito.
Lo que mas me gustó fue ver por primera vez a una ancianita en chándal y deportivas.

El señor de la casa, era alto y fornido, el poco pelo que le restaba en esa casi calva era totalmente blanco, pero era tan moreno que podías dudar de su prodecencia sin parpadear dos veces. Llevaba unos vaqueros y una camisa blanca abotonada adecuadamente.
-Bienvenida Higía, me dijo el señor de la casa.

Mamá se quedo tomando té con galletas con la señora Carol, en el pequeño pero acogedor porche de aquel hogar de madera y naturaleza.
Yo y papá, fuimos tras el señor, nos preguntó si deseábamos cruzar por la casa o por el exterior, por educación respondimos la segunda opción.

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