EL ÁRBOL. (Cap 3)

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Aquella fue la peor noche de casi toda mi adolescencia e infancia.

Me dormí temprano a causa del cansancio instalado en mi cuerpo de siete años.

Mi madre y yo no pudimos retomar el tema anterior. Las tarde del lunes son para clases particulares de piano, y ese día para añadir a las tareas debía estudiar para un examen de la escuela.

 

-¿Lo qué estamos cenando es lo bueno mamá? ¿O de lo que tiene químicos?-Necesitaba saberlo.

Mis padres se miraron de soslayo pero yo sabía muy bien cuando eran sinceros así que añadí:

-¿No verdad? No es de lo  bueno.

– Buena comida es Higía, toda la vida hemos comido lo mismo -me espetó mi madre.

-Eso te pasa por enseñarle sobre los productos alimenticios -comentó mi padre con una sonrisa enorme.

-Pues no pienso cenar. -Me crucé de brazos.

-Higía – dijeron ambos al unísono -ponte a cenar pero ya. -Quedé sentenciada a engullir.

Durante aquella noche, las tormentas del subconsciente llegaron a mí.
-¿Sabes porque no te cuentan que es ecológico?-me preguntó un ratoncito -Porque así comes productos transgénicos y tendrás mis dientes.

-OH, no -le contesté

-JAJAJAJA, sí, y mi piel-añadió ahora una culebra muy gorda y con colores oscuros en la piel.

-Y mis orejas-participó un conejo…

-¡Mamá, papá!-Gritaba saliendo de aquel mal sueño.

-No te vas a convertir en nada -me repetía por enésima vez mi padre a los pies de mi cama.- ¿Es qué alguna vez has visto a un humano con rasgos de animal?

-Sí-me burle y me reí-algunos sí.

-Pero será posible. -Me hizo cosquillas un ratito antes de decirme -venga a dormir Higía.

Cuando regresé al lugar profundo de mi universo soñante hablé con un bonito árbol de color intenso y aroma a naranjas…

-No te va a pasar nada, al menos nada del estado físico… a mi tampoco me gusta que me pongan perfumes para ahuyentar a los mosquitos, gusanos etc., porque yo mismo me siento ahuyentado en mi piel, el aire se hace espeso, oloroso y pésimo. Y no es igual beber agua cuando mis raíces quieran a estar sediento y a la vez pudiendo hacer naranjas frescas y dulces. Pero tampoco tan dulces como antaño. Recuerdo muy bien cuando hombres y mujeres sufrían de lumbago con orgullo, cavaban plantaban y cultivaban con amor y respeto.

Comían esa naranja, patata, ajo, zanahoria, limón, pera o manzana…y eso si era como un tutifruti que te llenaba la barriga de placeres mágicos. Y nosotros crecíamos con amor, con niños que se colgaban sus columpios de nuestras ramas y nos regalaban sus risas y secretos, incluso algunos, sus primeros besos. Insectos que nos hacían cosquillas, y pajaritos que nos dejaban sus hogares y sus bebés. Y nos daban alimento fresco y sano, delicias. Y por ello, como agradecimiento nosotros a ellos y a ellas también le dábamos nuestras mejores crianzas.

-Higía cielo, ya ha salido el sol -Me dijo madre, y ahora si me daba pena despertar.

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