Mí regalo (Capt. 22)

 

El tiempo se me estaba pasando más rápido de lo esperado, hacia tiempo que me habían entregado el pedido de papaya, y a penas quedaba, pero no podía dejar de pensar en otra cosa que no fuese la visita a la granja cercana de la casa del Señor, padre de Pedro.

Tras las lluvias continúe pensando en la manera de poder ayudar al papá de Pedro, y recordé las lecciones que me dio sobre como hacer el compost, y me entretuve en hacerlo para después entregárselo en su visita para que tuviese un poco de ayuda en su labor.

-¡Higía ya tenemos que marcharnos no tardes tanto!- Gritaba madre desde la entrada.

Yo estaba en el patio trasero de la casa, preparando el poco compost que había logrado conseguir.

-Ya voy mamá, estaba cogiendo el regalo para los señores de la casa.

Esta vez el trayecto si que fue un poco parecido a un castigo, mis padres no paraban de poner caras nauseabundas debido al olor de mi preciado regalo, que tanto tiempo me llevó lograr, a pesar de que el aire venía fresco, cada kilómetro bajaban más sus ventanillas, hasta el momento en que no había de donde más ventilar.

-Quizás debí de regalarle otra cosa.- Añadí debido al estrés que me producían sus aptitudes poco disimulables.

-No cielo, le llevas justo lo que necesita, un buen abono para volver a realzar y darle vida a la plantación.- Dijo padre y madre asintió al unísono.

Fui recogiendo todas las sobras que eran compatibles con el compost, recordando lo que el señor me dijo:

-Cuando quites la mesa, o cuides del jardín selecciona que puedes o no utilizar.
Sí puedes utilizar seguro las ramas que podes de tu jardín, las hojas, la paja de las granjas, las cenizas de la chimenea, los posos de café, del té, los yogures caducados, las sobras de frutas y verduras, hasta la cáscara de los huevos, aceites, y muchas cosas más.

Ten cuidado de no poner nada que se pueda pudrir y crear malos aromas, ni cosas NO orgánicas. –

Realmente la satisfacción personal fue la mejor recompensa que pude obtener, no sabia la ración sincera del porque deseaba ayudar tanto a aquella familia, pero la realidad es que después, comencé a comprenderlo.

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