-Mira mamá, el camión de Ecogrinbi. (Cap 7º)

camion eco

Lunes, me tocaba educación física a primera hora escolar; por lo que madre me puso el uniforme de pantalón en vez de el de falda.

Habitualmente mi madre me recogía el pelo en una cola altísima, solíamos llamarla cola de caballo.  Me gustaba llevar mi cabello castaño claro suelto pero siempre me decía que en el colegio se pegaban los piojos y no podía tentar la suerte.

A pesar de tener cuatro perfumes -de mis cuatro cumpleaños anteriores- seguía poniéndome colonia menuco, por su aroma y su frescor.

El día surgió de forma rápida, ya que nos quedemos castigados a la salida del colegio la clase al completo por haber revolucionado un tema de lección sobre la sexualidad del ser vivo.
Lo que conllevo que madre me esperase un cuarto de hora más de lo previsto en la puerta.

Entre las mismas madres comentaban:

-No comprendo como los dejan castigados en la hora de la comida, en vez de hacerlo en la hora escolar.

-Tenéis toda la razón- comentaba otra madre- yo tengo una niña pequeña en casa y la deje sola pensando que tardaría como siempre tres minutos, ya que vivo aquí al lado. ¿Podrían hacerme el favor de acompañarla a casa cuando salgan? Vivo justo en esta calle, en el numero diez.

La profesora por fin se decidió a darnos la libertad con la siguiente condición:

-Para mañana, en la clase que nos toca hablar del los órganos humanos, incluido el pene y vulva, tal cual suena, quiero que en un papel en blanco me escribáis con buena letra y sin faltas de ortografía que el cuerpo humano no es sinónimo de burla en ninguno de sus ámbitos.

Quien tenga la idea de usar letra tamaño grande para ahorrarse los callos en los dedos, que tenga por seguro tendrá que entregar tres hojas y no una.  Terminaremos el tema en esta semana y lunes examen, a ver si así en vez de pensar en mariposas y truenos prestáis atención.

-Vale señorita- se respondió en la sala al unísono.

Al llegar a madre, le di un beso y me agarre de su mano como de costumbre pero me alertó ver que no comenzaba a andar:

-¿Porqué no vamos?- quise saber.

-Pues tenemos que llevar a Marta a su casa.

-¿Enserio? ¿A Marta?

-Cállate que viene por aquí.- se dirigió a ella con la conversación alzándole el gesto para llamar su atención- Marta, Marta tu madre me ha dicho que te lleve a casa.

-Yo puedo ir sola-respondió de forma autómata.

-Bueno, pues nosotras te seguimos para asegurar que llegas bien.-Dijo mi madre.

-Ya, bueno como si el peligro estuviese en la calle.

En ese momento madre pareció hacer uno de esos guiños que delatan sorpresa pero, negativa.

Y cuando la curiosidad por algún peligro acechaba su corazón era imposible alejarle de la curiosidad.

-Bueno ya hemos llegado, espero que todo este bien en tu… -Acentuó madre la palabra-hogar.

-Sí todo normal. Adiós Higía. –Vaya se había dirigido a mi de una forma civilizada por primera vez.

La llegada a casa y la comida surgió con rapidez ya que llegamos con retraso y el estomago acostumbrado a un horario lo nota, es mas lo exige.

-¿Tienes muchos deberes hoy? ¿Por qué os han retrasado la salida escolar?
-Pues nada que hemos dado la anatomía humana.  Y sí tengo deberes pero lo peor es que tengo que hacer una hoja de castigo, pero no yo sola, toda la clase.

-¿Y qué tiene tan gracioso el cuerpo humano como para merecer un castigo?

-Pues la vulva y el pene, es que sabes que pasa que los niños se reían y nosotras coloradas, y la profesora se enojó.

-Ya vale, ya hablaremos de eso mas adelante. Come tranquila y descansa, que tienes piano y deberes, organízate como quieras, si no te apetece ir a piano pues no vayas, hoy ha sido el día largo.

-Ni de broma… el piano es mi pasión.

Me hice los deberes y me dejé la hoja de castigo para el regreso de mi hora de placer ante el piano.        Pero cuando regresábamos me encontré con una sorpresa:

-Mira mamá, el camión de Ecogrinbi.

 

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