Salimos a la granja (Capt. 24)

-Bueno ¿qué os parece si vamos a visitar la granja ahora que es temprano, que esta todo en movimiento?- Ofreció el señor.

Era tan temprano que parecía que las nubes aun no se habían decidió a desperezarse y abandonar su posición junto al sol oculto.

-Adelante señoritas- Nos dijo el señor abriéndonos la puerta trasera de su coche, a mamá, a la señora y a mí. Papá y el señor irían delante.

-¿Está muy lejos?- Pregunté antes de que nos pusiésemos si quiera los cinturones de seguridad.

-Tenga usted la paciencia justa, disfrute de las vistas, y ya llegaremos, no tenga usted necesidad de anticiparse, admire el paisaje.- Me dijo el señor, a lo que yo me tome como un “no pregunte más”.

Fuimos saliendo poco a poco del pueblecito donde se hallaba la casa de los señores, y la vista comenzó a acostumbrarse no sin asombro del cambio de casas, coches y humos, a campos marrones casi desérticos hasta unas praderas completamente verdes, algunas arboladas, otras con florecillas variadas, algunas silvestres y otras cultivadas.

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